Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar el alma. Que el amor no significa acostarse. Una compañía no significa seguridad. Y que los besos no son contratos, ni regalos ni promesas. Uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos. Con el tiempo aprendes que,solo, quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que desees. Comprendes que los verdaderos amigos son contados, y que quien no lucha por ellos, tarde o temprano, se verá rodeado de falsas amistades. Que disculparse lo hace cualquiera, pero que perdonar es solo de almas grandes. Que cada experiencia vivida con cada persona es única e irrepetible. Aprenderás a construir todos tus caminos en el 'hoy' porque el terreno del 'mañana' es demasiado incierto para hacer planes. Y que forzar a que las cosas sucedan ocasionará que, al final, no seas como esperabas.
Todavía me acuerdo de ese verano. Mi soledad y tu soledad se acostaban juntas jugaban a juntar trozos, maderas del galeón hundido. Nos besábamos con verdadero dolor como quien se aferra a una tabla en medio del océano con la piel en el presente y la cabeza en el pasado, recordando fechas, olvidando promesas y nos sumergíamos en la noche de las piernas sorteando el miedo como en una carrera de obstáculos contra los monstruos del desaliento, queriendo volver a ser los príncipes de un castillo incendiado.

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