Que alegría más tonta, estar viéndolas venir, que bonita tu boca, que paz, que bien, vivir... Que vivan los idiotas, que nos hacen reír, que ridículo es callarse cuando quieres decir, que estás bien cuando todo va mal, que solo te sale cantar, mientras se matan ahí fuera, y las cabezas vuelan. Que alegría que buen día, que bueno tenerte, que bien estoy, quién me lo diría, que sale el sol salgo a verte.
Todavía me acuerdo de ese verano. Mi soledad y tu soledad se acostaban juntas jugaban a juntar trozos, maderas del galeón hundido. Nos besábamos con verdadero dolor como quien se aferra a una tabla en medio del océano con la piel en el presente y la cabeza en el pasado, recordando fechas, olvidando promesas y nos sumergíamos en la noche de las piernas sorteando el miedo como en una carrera de obstáculos contra los monstruos del desaliento, queriendo volver a ser los príncipes de un castillo incendiado.
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