No se cuantas botellas de cerveza consumí mientras esperaba que las cosas mejoraran. No sé cuanto vino, whisky y cerveza... principalmente cerveza consumí después de habernos dejado, esperando que el teléfono sonara, esperando el sonido de los pasos, y el teléfono no suena, si no mucho más tarde, y los pasos no llegan, si no mucho más tarde.
Todavía me acuerdo de ese verano. Mi soledad y tu soledad se acostaban juntas jugaban a juntar trozos, maderas del galeón hundido. Nos besábamos con verdadero dolor como quien se aferra a una tabla en medio del océano con la piel en el presente y la cabeza en el pasado, recordando fechas, olvidando promesas y nos sumergíamos en la noche de las piernas sorteando el miedo como en una carrera de obstáculos contra los monstruos del desaliento, queriendo volver a ser los príncipes de un castillo incendiado.

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