Y no sé que contarte que no te hay contado ya. No sé que secretos revelarte que ya no hayas descubierto. Ni que besarte que no te haya besado ya. Pero por mucho que me abraces el frío es imposible alejarlo cuando el invierno está dentro. Y para que mentir si hace ya tiempo que me desarmaste por completo, mientras observábamos desnudos un mismo techo hablando en silencio, o pensando en alto... Cuando tus demonios se enfrentan a los míos comiéndose la boca. Fue tan bonito tenerte que la realidad vino celosa a su compás. Y no, no hay quién pueda olvidar. Nos vemos pronto, o tarde, o algún día cuando ya me hayas olvidado... o cuando entiendas que nadie te quiere ni te va a querer ni de lejos como yo, aunque eso ahora mismo también lo sabes. Al igual que yo también sé que las despedidas y las recaídas nunca fueron nuestro fuerte. Hasta pronto. Te echo de menos siempre. Te quiero siempre.
Todavía me acuerdo de ese verano. Mi soledad y tu soledad se acostaban juntas jugaban a juntar trozos, maderas del galeón hundido. Nos besábamos con verdadero dolor como quien se aferra a una tabla en medio del océano con la piel en el presente y la cabeza en el pasado, recordando fechas, olvidando promesas y nos sumergíamos en la noche de las piernas sorteando el miedo como en una carrera de obstáculos contra los monstruos del desaliento, queriendo volver a ser los príncipes de un castillo incendiado.

Comentarios
Publicar un comentario