Eres una chiquilla malcriada. Pero, debajo de eso, eres la más sorprendente, perturbadora y maravillosa chica… mujer que he conocido. No soy un idiota sé como funciona el mundo. Tengo 10 dólares en el bolsillo. Si saltas, yo salto. ¿Recuerdas? No puedo irme sin saber que estarás bien. Eso es todo lo que quiero.”
Todavía me acuerdo de ese verano. Mi soledad y tu soledad se acostaban juntas jugaban a juntar trozos, maderas del galeón hundido. Nos besábamos con verdadero dolor como quien se aferra a una tabla en medio del océano con la piel en el presente y la cabeza en el pasado, recordando fechas, olvidando promesas y nos sumergíamos en la noche de las piernas sorteando el miedo como en una carrera de obstáculos contra los monstruos del desaliento, queriendo volver a ser los príncipes de un castillo incendiado.

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