antes de que suene a despedida, la tristeza sostenida, que no deja de latir; y antes de que te des por vencida, piensa que es la única vida que podemos compartir. Deja que me quede un rato más aquí, quiero que me apuntes en tu agenda, deja que me quede y nunca más me vuelva a ir, no me dejes ser solo a medias...Deja que me quede un rato más aquí, deja que remiende tus heridas, esas que yo mismo hace unos días descosí, DÉJAME SER TU PARACAÍDAS.
Todavía me acuerdo de ese verano. Mi soledad y tu soledad se acostaban juntas jugaban a juntar trozos, maderas del galeón hundido. Nos besábamos con verdadero dolor como quien se aferra a una tabla en medio del océano con la piel en el presente y la cabeza en el pasado, recordando fechas, olvidando promesas y nos sumergíamos en la noche de las piernas sorteando el miedo como en una carrera de obstáculos contra los monstruos del desaliento, queriendo volver a ser los príncipes de un castillo incendiado.
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